La animación socio cultural como una práctica pedagógica
En la formación de un animador sociocultural hay espacios destinados a una formación pedagógica. Esta presencia en el plan de estudios abre algunas interrogaciones sobre las que intentaremos trabajar en este artículo.
¿Por qué un animador socio cultural tiene que estudiar algunas cuestiones relativas a la educación y a la pedagogía?
La presencia de espacios destinados a conversar -como dice Freire- sobre educación supone una opción, que institucionalmente se ha hecho en el INESCER, respecto esta actividad profesional. Es una opción sobre el perfil de formación, es una decisión acerca de las tareas propias de un animador sociocultural y, en consecuencia, lo que su formación requiere. Esta opción de formación en la que intentaremos, brevemente, justificar aquí.
La animación social y cultural, práctica profesional que recorta su objeto de indagación y de intervención en el terreno de los problemas sociales y en los debates sobre los modos de construir cultura en ese terreno, encuentra en la educación popular, en la pedagogía social, en la reflexión político pedagógica un sustento conceptual a una dimensión de este hacer.
Queremos decir que la animación sociocultural es un modo de hacer educación, es posible reconocer una dimensión pedagógica – no escolar- en esas prácticas. Es necesario subrayar este paréntesis de “no escolar” ya que no es banal, reconocer prácticas pedagógicas no escolares significa reconocer que la educación encuentra modos diversos de ejercerse a lo largo de la historia de la humanidad, dónde la escuela es una forma organizativa –construida, por lo tanto social e histórica- pero no única; que la educación va más allá y recupera las múltiples y diversas manifestaciones de la cultura de los hombres y las mujeres.
La animación sociocultural en tanto práctica pedagógica abre un campo de análisis – y de intervención- que excede lo escolar donde interesa el desarrollo y el crecimiento del sujeto, de los grupos, de las diversas comunidades. Implica también reconocer la multiplicidad y la complejidad de lo cultural. Discute la existencia de “la cultura” en singular y reconoce y recupera los saberes no escolares, cotidianos, aun para discutirlos, ratificarlos, desarmarlos… Y esa es la dimensión educativa de la animación sociocultural.
Es la educación popular –sostenida en una pedagogía- una práctica social, que –en tanto popular- se preocupa especialmente por los modos de generar estrategias que permitan a las mayorías apropiarse de los bienes culturales disponibles en una época. Teoriza para sostener un hacer, reflexiona para imaginar estrategias, piensa modos de intervención.
El pensar y el hacer son, en el campo de la pedagogía “paquetes inseparables”; los pedagogos –dice Diker- no hablamos por hablar, hablamos para sostener un hacer. Podremos extender esa idea al campo de la animación sociocultural, podríamos -parafraseando a Diker- decir: la animación sociocultural es un hacer, una intervención que supone y requiere una reflexión teórica (de su propio campo) pedagógica y política.
Nos interesa ahora subrayar este nuevo elemento que incorporamos, decimos que estas prácticas sociales y educativas – la animación sociocultural y la educación popular- son prácticas – y posiciones- políticas. Estas definiciones son la evidencia de una opción política.
Interesa recuperar la idea de que el debate político es constitutivo de la reflexión pedagógica y de la intervención educativa. No son sinónimos pero una posición pedagógica conlleva y promueve una posición política. Interesa la idea de política que Inés Dussel toma citando a Ranciére:
“La política, tal como la define Ranciére (1996), es la pregunta por quienes no fueron incluidos, por los que no entraron en esa cuenta que hizo la ley o la medida económica, y el reclamo de que sean tratados como iguales.” (Dussel. 2003:24)
Politizar la educación significa, según Dussel “recuperar esa singularidad de la transmisión cultural que la sostuvo durante siglos. Es reclamar el lugar de iguales para nuestros alumnos (…)”
De esta idea de politizar estamos subrayando la preocupación por las mayorías, es la pregunta por los más la que la estructura. Es en ese sentido donde se asocia con la idea de democratizar.
Politizar la educación involucra entonces preocuparse por los modos de promover una democratización (real) del acceso a la cultura de este tiempo; politizar es seguir preguntándose por las intervenciones más adecuadas para favorecer la producción cultural, politizar es seguir preocupados por buscar las maneras de discutir con nuestros saberes sabidos y construir nuevos saberes que –en paquetes inseparables- nos permitan otro hacer. Politizar es, en definitiva, preocuparse por democratizar en su sentido más profundo.
Para subrayar este sentido de democratizar tomaremos una cita de un texto de Atilio Borón quién hace hablar a un Aristóteles ficcional que señala:
“No olviden que, tal como lo escribí en mi Política, la democracia –nos diría ya con un ligero tono de reproche- es el gobierno de los más, de las grandes mayorías, en beneficio de los pobres, que en todas las sociedades conocidas, no por casualidad sino por razones estructurales, siempre son mayorías.” (Borón.2008:50)
La reflexión pedagógica no tiene, por suerte, respuestas ni certezas sobre estas opciones y preocupaciones, solo intentará ofrecer algunas coordenadas teóricas, algunos debates, algún reconocimiento de experiencias y teorías gestadas en la historia para posibilitar la formación de un animador sociocultural conocedor de su rol de educador social.
No serán estrategias de enseñanza las que se pondrán en discusión sino posiciones, concepciones teóricas que son las que definen y sostienen unas prácticas que serán particulares en cada contexto.
La cuestión central que guiará esta dimensión de formación pedagógica del animador sociocultural tiene que ver con reflexionar –para intervenir- sobre las maneras de generar estrategias para –discutiendo las sociedades desiguales actuales - procurar poner a disposición de todos los elementos centrales del patrimonio cultural.
“La educación debe garantizar la transmisión del patrimonio cultural valioso que habilita a un sujeto para pensar y hablar con propiedad, para acceder a los tesoros de su cultura y a la aventura de su búsqueda.” (Violeta Nuñez.1999:55)
Es sólo eso y es todo eso lo que esperamos poder ofrecer desde esta perspectiva formativa o, apropiándonos de expresiones de Frigerio y Diker, ofrecemos esta formación sosteniendo la expectativa de poner a disposición algunos saberes que:
“(…) se ofrecen como referencias para un debate que debe seguir sosteniéndose: él de cómo pensar y cómo hacer de la educación ese acto político que emancipa y que asegura, con justicia, la inscripción de todos en lo público y el derecho de todos de decir y decir-se en el espacio público.” (Frigerio y Diker.2005:8)”
Este es el hablar que sostiene nuestro hacer, es este decir parte del contenido de nuestro “paquete inseparable”. Ojala seamos capaces de compartirlo con nuestros estudiantes para que cada uno construya su propio paquete de decir y hacer en el campo de la intervención sociocultural.
Bibliografía
- Borón, Atilio (2008) “Aristóteles en Macondo: notas sobre el fetichismo democrático en América Latina.” S/d. Material de lectura de seminario que realizará en la Universidad Nacional de Villa María el autor.
- Diker en el prólogo de Nicastro. Nicastro, Sandra (2006) “Revisitar la mirada sobre la escuela. Exploraciones acerca de lo ya sabido”. Homo Sapiens Ediciones. Rosario.
- Dussel, I. (2003) “La escuela y la crisis de las ilusiones”. En Dussel, I Finocchio,S (comps.) Enseñar hoy. Una introducción a la educación en tiempos de crisis. Fondo de la Cultura Económica. Buenos Aires.
- Nuñez, Violeta (1999) “Pedagogía Social: Cartas para navegar en el nuevo milenio”. Santillana. Buenos Aires.